¿Cómo puedes hacer que el culto público en tu iglesia sea más evangelístico? ¿Obras de teatro? ¿Danzas? ¿Películas? ¿Attracciones más llamativas para los pecadores? Hay muchos métodos que se utilizan hoy en algunas iglesias con el intento de ser más llamativos y más aceptables para los perdidos. Muchos se han cansado de los medios antiguos de la predicación del evangelio y creen que la iglesia necesita métodos más modernos y atractivos. Sin embargo, creo que hay por lo menos cinco medios que Dios mismo nos ha prescrito para usar nuestro culto como medio para llamar a los pecadores a la fe en el evangelio. Estos medios tienen el doble beneficio de estar de acuerdo con lo que Dios ha mandado para el culto público en la Palabra—así guardando el principio regulador de la adoración—, y también son medios que Dios promete bendecir.

Estos cinco medios son:

  1. La Predicación
  2. La Oración
  3. El Canto Congregacional
  4. Las Ordenanzas
  5. La Comunión

Como se nota, ninguno de estos medios es completamente nuevo para la iglesia. Seguramente cada culto en tu iglesia ya tiene estos medios. Sin embargo, mi meta es mostrarte como se pueden aprovechar mejor para evangelizar a los perdidos y para equipar a los santos para esta obra. 

En esta publicación, consideraremos la predicación y como los pastores y hombres dotados en las iglesias pueden aprovechar el ministerio público de la Palabra como oportunidad evangelística. Consideraremos los otros puntos en publicaciones subsecuentes.

Un medio clave para hacer el culto más evangelístico es la predicación. También, es quizas el más obvio. Dios ha determinado usar la predicación como el medio ordinario y regular para la salvación de las almas. Como Pablo dice:

Porque ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios, mediante la necedad de la predicación, salvar a los que creen. (1Cor 1:21)

Este texto explica porqué tantos han abandonado la predicación, ya que en la sabiduría humana la predicación parece una necedad. Sin embargo, en la sabiduría de Dios, esta es el medio principal por el cual las almas perdidas escuchan de su gran necesidad y del único remedio que Dios ha provisto. Y al oir, la fe viene poderosamente por el Espíritu (Rom 10:13–17).

Por eso, la predicación debe ser una parte central de todo culto, especialmente si queremos que sea más evangelístico.

Primero, incluye más teología bíblica en tus sermones. La teología bíblica nos ayuda a ver a Cristo en toda la Biblia, cómo todo apunta a Él y gira en torno a Él.

Esto es especialmente importante en toda predicación del Antiguo Testamento. Los sermones sobre el Antiguo Testamento sin la teología bíblica suelen ser muy moralistas, extrayendo aplicaciones de las varias figuras en la Biblia —como la valentía de David, el liderazgo de Josué, la cercanía con Dios de Moisés. Sin embargo, la teología bíblica ubica toda historia, toda ley y toda figura dentro de la gran meta-narrativa de las Escrituras. Además, nos equipa para llevar todo pasaje de las Escrituras a su fin principal: revelar la gloria de Dios en Cristo. De esta manera, todo sermón puede convertirse en otra oportunidad para exaltar a Cristo y mostrar que Él es la gran esperanza a la cual toda la Biblia apunta. (NOTA: Estos consejos presuponen que la práctica normal en la iglesia es la predicación expositiva.)

Además, esto equipa a los santos a conocer mejor el evangelio y ver la centralidad de Cristo en todo. Además, esto da herramientas a los santos para convertir una conversación sobre cualquier tema bíblico con un amigo o familiar en una oportunidad para compartir el evangelio.

Segundo, usa la ley mejor. Muchas partes de la Biblia pueden describirse como ley. Y hay dos extremos en los cuales los predicadores suelen caerse. Por un lado, algunas iglesias dejan de hablar de la ley para no incomodar a las personas. Sin embargo, si un pecador no ve su pecado manifestado por la ley no verá claramente su necesidad de un Salvador. Por el otro lado, algunos enseñan la ley de la misma manera en que un fariseo les enseñaría a sus discípulos. Enfatizan el comportamiento externo y no usan la ley según su intención original: mostrarnos nuestra incapacidad, lo corrupto de nuestro propio corazón que contamina toda obra religiosa y nuestra necesidad de un Salvador. Presentan la ley como si fuéramos capaces de cumplirla perfectamente.

Sin embargo, al entender la ley correctamente a la luz de todas las Escrituras, observamos que su propósito no es meramente darnos la lista de reglas que cumplir. Antes bien, la ley sirve para mostrar nuestra incapacidad de cumplirla y nuestra necesidad de alguien que la cumpla en nuestro lugar y que tome sus penas por nosotros (Rom 3:19–25).

Ningún lector honesto lee el libro de Éxodo, por ejemplo, y termina con la idea de que es capaz de cumplir la ley. En vez de pensar que podemos hacerlo mejor que Israel, la Escritura quiere que nos identifiquemos con Israel como tan desobedientes y rebeldes que ellos. La ley misma no pudo cambiar el corazón de Israel, ni tampoco puede cambiar el corazón de tus oyentes.

Por eso, al predicar la ley, no debemos buscar solo cambiar el comportamiento externo de las personas, antes bien lamentamos el hecho que ya hemos fallado y necesitamos de un salvador. Sí, exhortamos a las personas a obediencia, pero fallamos grandemente si no les apuntamos a Aquel que cumplió la ley por nosotros y que nos da de Su Espíritu para capacitarnos para servir al Señor obedientemente. Al presentar esta verdad, tenemos el privilegio glorioso de anunciar que ese salvador ya ha venido y Su nombre es Jesús.

Tercero, considera tu audiencia. Una parte sencilla de hacer tu sermón más evangelístico es considerar tu audiencia. Tomar en cuenta que en cada sermón asisten almas perdidas en necesidad de un salvador cambia la perspectiva del predicador.

Por supuesto, la predicación no es solamente para los perdidos, es para las ovejas también y para ellas principalmente —para la edificación de los santos. Sin embargo, cada culto tiene una audiencia mixta. Va a haber niños que necesitan del evangelio, invitados que no han escuchado e incluso falsos convertidos que se creen bien (incluso de entre los miembros). Hay algunos que desconocen la Palabra y otros que tienen un conocimiento carnal. Hay algunos que nunca han asistido la iglesia y otros que siempre han asistido y por eso piensan que están bien. Hay algunos pecadores endurecidos y hostiles, y hay otros que sienten el peso de sus pecados y culpa y claman por un salvador.

Al tomarlo en cuenta, podemos aplicar la verdad del texto para estas almas necesitadas y engañadas en los sermones. Cuando el texto es evangelístico, se invitan a los perdidos con fervor. Cuando el texto es legal, se expone el pecado y se anuncia el juicio futuro. Pero incluso cuando es un texto hablando de la vida cristiana se puede aplicar a los inconversos. Por ejemplo, muchos textos hablan de las bendiciones que recibimos como cristianos. Podemos usar estas bendiciones como motivaciones para que los perdidos abandonen las mentiras del mundo y reciban a Cristo. Otros textos hablan del consuelo que Cristo ofrece a los cristianos. Después de aplicarlo a los creyentes, podemos mostrar lo terrible de vivir en este mundo sin Cristo y el consuelo que Él da para invitar a los perdidos a Cristo.

Cuarto, implora con más fervor. Los predicadores deben buscar siempre conmover a las personas. No simplemente anuncia palabras, sino procura persuadir y convencer a las personas. Debe usar el texto del sermón para argumentar con el pecador, responder sus dudas o contraargumentos y superar sus temores e inquietudes. Debe clamar rogando que el pecador se arrepienta hoy de sus pecados. Debe anunciar que el juicio de Dios viene pronto y vendrá como ladrón en la noche, y por eso no deben esperar más. Debe anunciar que hoy es el día de la salvación, y recordarle del gran privilegio que tiene de recibir una oportunidad más de escuchar la Palabra de Dios y escuchar el llamado del evangelio. Además, el predicador debe clamar con fervor porque sabe que cada llamado del evangelio que no se escucha se amontonará como testigos en contra de ese pecador en el día del juicio. Tendrá menos excusa y más por qué dar cuenta delante del Señor. Pablo dice que Dios mismo ruega a través de nosotros: «Reconciliaos con Dios». La meta es hacer que todo sermón pese sobre la conciencia del pecador. No es solo hacer comentarios sobre lo que significaba el texto en su momento original. Antes bien, el predicador muestra la vigencia continua de ese pasaje y cómo Dios sigue llamando al arrepentimiento y sigue cumpliendo Sus promesas hasta hoy.

Cinco, equipa a más obreros para la mies. Me he convencido de algo que ha cambiado mi perspectiva sobre los llamados del evangelio. Cada llamado del evangelio —un llamado a la fe y el arrepentimiento en Cristo— también es una oportunidad para un llamado a la evangelización. Mientras llamamos a los pecadores a la conversión, podemos hacer dos cosas para ayudar a los santos en esta labor. Primero, podemos ser una guía para ellos. Al dar argumentos bíblicos, exponer a Cristo de todas las Escrituras y rogar con fervor y pasión, modelamos maneras en que los santos pueden hablar con los inconversos en sus vidas.

Segundo, podemos dar el llamado a la evangelización. Al anunciar el evangelio a los perdidos, les recordamos a los cristianos del gran privilegio que tienen de haber creído este evangelio y haber recibido los beneficios de la salvación en Cristo. Pero les recordamos que tienen familiares, niños, amigos, compañeros y vecinos que no conocen esta salvación aún. Por eso, les rogamos con el mismo fervor que lleven este mismo mensaje con ellos en la semana para compartírselo con otros. Al usar la pronta venida del Juicio Final para persuadir a los perdidos a venir a Cristo, también la usamos con los creyentes para darles un sentido de urgencia en compartir a Cristo con otros. Al usar las glorias de Cristo para persuadir a los pecadores a dejar el mundo vano atrás y venir a Cristo, también les recordamos a los hermanos de su glorioso privilegio de anunciar las inescrutables riquezas de Cristo a alguien que aun no las ha experimentado.

Hay muchas maneras en que un pastor puede hacer esto más eficaz. Por ejemplo, al animar a la iglesia a tomar notas durante el sermón, puede mostrarles que estos apuntes no solo sirven para que lo guarden en su memoria mejor, sino también para que tengan un pequeño libreto para una conversación evangelística en otro momento. Además, una idea que he considerado es si predico un sermón evangelístico, se puede resumir el contenido principal del sermón en un pequeño tratado evangelístico que se entrega a los hermanos de la iglesia con el desafío de entregárselo a un familiar o amigo en la semana.

Como Cristo dice, ¡la mies es mucha! Por eso, el pastor no puede hacer toda la obra solo. Necesita equipar a los hermanos de su iglesia para que también estén activos en la evangelización. Y la predicación es una manera clave en que modelamos un corazón evangelista y equipamos a los santos para esta labor.

La meta es hacer que la evangelización sea parte de la cultura y estilo de vida de la iglesia. Por eso, llamar a los pecadores fervientemente en los sermones y recordarles a los santos de su privilegio y de su responsabilidad es una manera de mantener esta labor constantemente delante de ellos. Incluir evangelismo como parte del culto público es una de las estrategias centrales en que una iglesia cumple la Gran Comisión de Cristo. Espero que estas recomendaciones sean útiles para llenar tus cultos de Cristo y la gloria del evangelio y que el Señor traiga una gran cosecha de almas en tu iglesia.

Para seguir profundizando en estas estrategias, considera los capítulos 14–15 en el libro.

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