Esta es la tercera publicación en una serie sobre el arrepentimiento. La primera consideró su necesidad en la presentación del evangelio. La segunda consideró las marcas de un arrepentimiento verdadero y sus frutos acompañantes.
No todo lo que se parece al arrepentimiento es un arrepentimiento verdadero. En las publicaciones anteriores, vimos la necesidad y marcas esenciales de un verdadero arrepentimiento. Ahora, vamos a desenmascarar algunas de las falsificaciones.
El hombre, aun sin la obra de la regeneración, puede experimentar muchas señales externas que acompañan el arrepentimiento, pero no toda muestra externa de arrepentimiento es un arrepentimiento verdadero. Por ejemplo, fue por esto que Juan el Bautista rechazó a los judíos que pedían su “bautismo para arrepentimiento”, porque, aunque era bueno buscar el bautismo de Juan, no había una muestra verdadera que su vida había cambiado (Jn 3:8). Por lo tanto, consideremos tres clases de arrepentimiento falso que fácilmente se confunden con el arrepentimiento verdadero.
No Es Solo Tristeza
Primero, algo que se confunde fácilmente con el arrepentimiento verdadero es la tristeza. La tristeza sí es una parte del arrepentimiento, porque nos contristamos por el pecado que hemos cometido. Nos entristece reconocer cómo hemos ofendido a Dios, nuestro Creador. Es lamentable cómo hemos dañado a otros a quienes Él ha creado a Su imagen y a quienes nos ha llamado a amar. Sin embargo, la mera tristeza no es suficiente.
Por ejemplo, piensa de los ejemplos de Judas o Esaú. Judas fue tan conmovido por la culpa de su pecado que se ahorcó. No había un arrepentimiento verdadero, aunque había mucha tristeza. Hebreos 12:17 habla de cómo Esaú se entristeció por su pecado de preferir una comida sobre su primogenitura, incluso hasta llorar. Pero, no fue un arrepentimiento verdadero. Parece haber sido más una tristeza por sufrir la consecuencia o por perder y no por sus acciones carnales y animales. Pablo dice:
10Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. 11Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto. 2 Cor 7:10–11
En este texto, Pablo contrasta dos tipos de tristezas. Una tristeza que es “según Dios” y “produce arrepentimiento para salvación”, pero hay otra que es “del mundo” y “produce muerte”. Esta tristeza falsa produce vergüenza que hace que uno huya de Dios y de los hombres. Otros simplemente lamentan el sufrir las consecuencias o pérdidas que vienen por causa del pecado, pero no lamentan el pecado mismo. Es decir, si se pudiera cometer el pecado sin las consecuencias, lo seguirían haciendo.
La gravedad del pecado es porque es en contra del Dios santo, no simplemente porque causa consecuencias. De hecho, bíblicamente, las consecuencias son una muestra de la misericordia de Dios. Dios nos permite ver las consecuencias temporales y pequeñas de nuestro pecado, cuando realmente merecen la ira eterna, para guiarnos al arrepentimiento (Rom 2:4).
Sin embargo, un arrepentimiento verdadero viene con una tristeza que produce también una “solicitud” para escuchar el consejo y tomar acción en contra del pecado; “defensa” para poner límites y barreras para prevenir que el pecado sea cometido de nuevo; “indignación” en que odia y aborrece el pecado en todas sus formas; “temor” en que teme al Señor y busca honrarle a Él y mantenerse puro, a pesar de que nadie más sepa lo que hace; un “ardiente afecto” y “celo” para procurar la santidad y pureza con fervor sin hacer concesiones; y “vindicación” para tomar venganza de su pecado y luchar contra el pecado para restaurar la inocencia y mantener una limpia conciencia. Por lo tanto, es importante que nos examinemos en cuanto a nuestro arrepentimiento: ¿es verdadero? O ¿es solo una muestra externa de tristeza?
No Es Solo una Vida Más Moral
En segundo lugar, el arrepentimiento verdadero puede confundirse con una vida moral y el dejar ciertos vicios. Lo engañoso del pecado es que puede tomar varias formas, e incluso puede cubrirse de vestiduras religiosas. Los fariseos y saduceos fueron expertos en esto. Ellos tuvieron muchas obras buenas según los estándares externos. Ellos evitaron muchos de los pecados del pueblo, y también practicaban las obras religiosas de asistir la sinagoga, ofrecer sacrificios, orar, leer las Escrituras y ayudar a los pobres. Sin embargo, su “arrepentimiento” no había venido del corazón sino solo fue un cambio externo. Otros hoy equivalen el ser cristiano con dejar de fumar y tomar. El cristianismo sí trae libertad de los pecados de falta de dominio propio y la esclavitud a los vicios. Pero un buen programa sicológico puede cambiar estas prácticas en una persona. No es igual a una conversión genuina al Señor. Lo que el Señor quiere es nuestro corazón, no solo una muestra externa de moralidad.
En medio de esto su corazón seguía podrido y hacían estas cosas no por un amor al Señor y un odio por el pecado, sino para agradar a los hombres, cumplir con sus tradiciones humanas y jactarse de ser más religiosos que otros. Por ejemplo, Miqueas 6:7 habla del pueblo que “volvía” al Señor con muchos sacrificios y ofrendas, pero su corazón seguía tan distante del Señor que antes. Por esto, un arrepentimiento falso también puede manifestarse en un mayor conocimiento de la palabra de Dios y de la ley de Dios. Puede recitar la ley de memoria. Esto no significa que la ley se haya escrito en el corazón.
No son meramente obras externas ni un conocimiento de la palabra que aseguran un arrepentimiento verdadero, aunque un arrepentimiento verdadero sí va a producir buenas obras y un deseo de conocer mejor la voluntad de Dios revelada en Su Palabra. El corazón es lo que hace toda la diferencia.
No Es Solo una Vida Religiosa
En tercer lugar, el arrepentimiento falso también se puede ver en un cambio que parece producir cambios radicales. Por ejemplo, piensa de Simón el mago en Hechos 8. Este hombre era un gran hechicero, y al principio quemó todos sus libros de magia e incluso fue bautizado por los apóstoles. Además, fue asombrado por la obra del evangelio y atestiguó los milagros de los apóstoles con mucha emoción. Sin embargo, su corazón perverso se manifestó cuando vio al Espíritu Santo como un medio para lograr el tipo de poder y control que antes tenía en su magia, y pidió comprar el poder del Espíritu Santo de los apóstoles.
También, considera el ejemplo de Ananías y Safira en Hechos 5. Ellos parecen haber sido creyentes, e incluso vendieron su propiedad para dar una porción a la iglesia. Aunque no dieron todo, sí dieron una gran porción de lo que habían ganado. Fueron muy generosos en un sentido. Sin embargo, su corazón perverso se manifestó en su mentira contra el Espíritu y los apóstoles y su deseo de ganar un renombre y reputación por inflar la grandeza de su ofrenda. Es como si hoy dijera que iba a dar un millón a la iglesia, pero al final solo di un millón de pesos colombianos ($2.500) y no dólares americanos.
O, considera el ejemplo de Demas quien era un compañero de Pablo y le acompañó en varios de sus viajes misioneros. No era un creyente espectador, se involucró activamente en la misión de la iglesia. Sin embargo, Pablo termina lamentando: “porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica” (2 Tim 4:10).
Considera también el ejemplo de los hombres en el Sermón del Monte:
No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel día: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?». 23 Y entonces les declararé: «Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad». Mateo 7:21–23
¡Mira las cosas religiosas radicales que estos hombres hicieron! Pero no representó una conversión verdadera. Realmente no conocieron al Señor y Él no los conoció a ellos. Espero que esto no sea el caso con usted. Examina tu corazón a la luz de Cristo, la Ley de Dios y las Escrituras para ver si realmente te has arrepentido o no. Las consecuencias son grandísimas y eternas si nos dejamos engañar en este punto. Confiesa tus pecados al Señor de corazón y pídele el perdón que solo se encuentra en Cristo.
Conclusión
En esta publicación, hemos visto tres formas de arrepentimiento falsificado—una tristeza externa, una vida moralista, e incluso una vida de grandes obras espirituales. Esto nos muestra la importancia de examinarnos a nosotros mismos, aferrarnos de Cristo, y ver el pecado por lo que es.
Si el pecado es tan engañoso que puede arruinar incluso estas cosas que parecen ser tan buenas, debemos odiarlo aún mucho más. Estas formas falsas pueden motivarnos a un arrepentimiento y aborrecimiento del pecado más vehemente porque vemos lo terrible del pecado.
Además, vemos la importancia de aferrarnos de Cristo. No somos salvos por la calidad de nuestro arrepentimiento, sino por la obra de Cristo. Por eso, aunque sí debemos examinar nuestro arrepentimiento, lo que realmente distingue el arrepentimiento verdadero del falso es solo el arrepentimiento verdadero se aferra de Cristo y Su evangelio y no lo suelta nunca.
Otra parte importante de la conversión genuina es la fe. Para seguir pensando en esto, te invito a ver esta publicación sobre la naturaleza de la fe salvadora.



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