Cristo es el único que nos puede salvar. Sin embargo, el hombre natural está tan propenso a aceptar sustitutos en lugar de Cristo. Eso es nuestro gran problema, preferimos servir y confiar en la criatura y no en el Creador (Rom 1:23). Los hombres tendemos a confiar en estas cosas en vez de Cristo para calmar los golpes de su conciencia.

Este problema no es nuevo. El apóstol Pablo habla de su propia experiencia de haber confiado en estos sustitutos en vez de en Cristo en Filipenses 3. Lamenta que muchos seguían confiando en la carne, y expresa algunas cosas que él mismo confiaba antes de que encontrara la plena justificación en Cristo.

En esta serie de dos publicaciones, expondremos Filipenses 3:1–12 para ver los cuatro sustitutos comunes que se ponen en lugar de Cristo y la excelencia superior de buscar la salvación solamente en Cristo. Veremos que Cristo es superior a todas estas alternativas y que la única opción que un pecador tiene es renunciar su confianza en estos sustitutos y recibir la justificación plena que solo viene por la justicia de Cristo. Puedes encontrar la parte 2 de esta serie aquí.


Por lo demás, hermanos míos, regocijaos en el Señor. A mí no me es molesto escribiros otra vez lo mismo, y para vosotros es motivo de seguridad. 2 Cuidaos de los perros, cuidaos de los malos obreros, cuidaos de la falsa circuncisión; 3 porque nosotros somos la verdadera circuncisión, que adoramos en el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no poniendo la confianza en la carne, 4 aunque yo mismo podría confiar también en la carne. Si algún otro cree tener motivo para confiar en la carne, yo mucho más: 5 circuncidado el octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; 6 en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, hallado irreprensible. (Phil 3:1–6)

En este texto, encontramos cuatro sustitutos carnales que suelen ponerse en lugar de Cristo en los corazones de las personas. En el evangelismo hoy, podemos esperar encontrarnos con estos mismos sustitutos. Este texto puede servir como una guía para responder a estas confianzas falsas y mostrarles a las personas su insuficiencia y la superioridad de Cristo.

La Familia Correcta

Pablo inicia este texto recordando a los filipenses de la superioridad de andar en el Espíritu y no confiar en la carne. Tristemente, muchos de sus compañeros seguían confiando en la carne, pero Pablo dice que de todos ellos tenía más razones para jactarse de carne. Estas son las cosas en que antes él confiaba en vez de Cristo.

En primer lugar, Pablo se jactaba de su identidad israelita. Dice: «Si algún otro cree tener motivo para confiar en la carne, yo mucho más: circuncidado el octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos». Los israelitas fueron la familia escogida, los recipientes de la Ley de Dios, los que llevaban la señal del pacto Abrahámico. Pensaba por un tiempo que simplemente al pertenecer a esta familia estaba bien.

Hoy en día, es fácil caer en este mismo error y confiar en nuestra parentela más que en Cristo. Por ejemplo, yo nací en una familia cristiana; mi padre era pastor de la iglesia. Pensaba ser un cristiano por nacimiento. Si alguien me preguntaba: ¿Eres cristiano? Podría decir: «Claro, mi padre es pastor e incluso mi abuelo es evangelista». Esto parece ser bueno, y venir de una buena familia si trae muchos beneficios. Sin embargo, simplemente nacer en un hogar cristiano y tener padres creyentes no es suficiente. La salvación es solo por la fe en Cristo. Un pecador está personalmente separado de su Creador por sus pecados y necesita arrepentirse y creer en el evangelio personalmente. Nuestros padres no pueden ponerse en nuestro lugar en el Día del Juicio. Solo Cristo es un sustituto suficiente.

El Grupo Conservador

Segundo, Pablo no era un israelita cualquier. Algunos llevaban el nombre israelita, pero no guardaban las tradiciones y no estaban activos en la vida de la comunidad. Pero Pablo fue un fariseo: «en cuanto a la ley, fariseo». No meramente confiaba en ser israelita, sino confiaba en ser fariseo. No era del grupo más liberal que daba permiso para romper la ley, sino era del grupo estricto que trataba de guardar las tradiciones al pie de la letra. Pensaba en esto estar bien con Dios.

Como Pablo, muchos hoy pueden encontrar confianza falsa en el grupo al cual pertenecen. Aquí se pone muy difícil. No es suficiente decirse cristiano por familia, pero tampoco es suficiente simplemente decirse «bautista reformado» o «cristiano conservador». Algunos pueden jactarse más en ser miembro de un grupo más estricto, con una mejor teología, con una práctica más bíblica. Todo esto es bueno, pero si se convierte en nuestra confianza en lugar de Cristo, estamos confiando en la carne y no en Cristo. Ser de Cristo es lo que nos salva, no asistir una iglesia conocida como entre las más fieles.

Una Religión Celosa

Tercero, Pablo no era un fariseo cualquier. Había varios partidos entre los fariseos. Pero Pablo se jactaba de haber sido entre los más celosos: «en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia». Pablo puso sus convicciones en práctica. No era un fariseo nominal, sino era de aquellos que vivía lo que creía. Quería defender su grupo, y pensaba ser incluso un siervo de Dios y uno que guardaba el honor de Dios de esta secta cristiana que surgía en sus días.

Hoy en día, hay muchos que pueden hacer muchas obras celosas por el Señor. Piensa de los hombres en Mateo 7:22. Estos no fueron hombres que simplemente dijeron «Señor, Señor» y nada más. Ellos echaban fuera a demonios, hicieron milagros. Quizás incluso algunos sirvieron como pastor, fueron enviados como misioneros, dieron todos sus bienes para donárselo a la iglesia. Uno puede hacer muchas cosas celosas y grandes y aún escuchar al final: «Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad» (Mt 7:23).

Los fariseos daban limosnas, oraban y ayunaban. Leían las Escrituras todas las semanas. Asistían regularmente a los cultos. Y Pablo incluso fue de misión para defender la fe y hacer prosélitos para su grupo. No es el hacer cosas grandes que nos justifica delante del Señor. Es fácil criticar a alguien que confíe en su familia o simplemente su identificación con cierto grupo, pero exhortarle a una persona a no confiar en sus grandes sacrificios «por el Señor» es más difícil. Sin embargo, esto es lo necesario para la seguridad eterna. No somos salvos por ninguna obra nuestra.

Por ejemplo, yo soy misionero y vivo en Ecuador. Dejé mi familia, mi iglesia, la comodidad de los Estados Unidos para servir al Señor en otro país. ¿Por esto soy salvo y justo delante de Dios? Es un fruto de este hecho, pero esa obra celosa por el Señor no es la base de mi confianza. Sería necio sustituir este celo en lugar del Señor. Solo Cristo puede salvar y Su gran sacrificio por mí. Nuestros sacrificios por Él, solo son la obra de gratitud por el sacrifico Suyo por el cual logró nuestra redención eterna.

Una Justicia por Comparación

Finalmente, Pablo dice: «en cuanto a la justicia de la ley, hallado irreprensible». Como se indica regularmente en los Evangelios, y como Pablo narra en su propia historia en Romanos 7, la idea farisaica de la justicia fue muy superficial. Sin embargo, según estos estándares, Pablo se veía justo delante de la Ley. Podía examinarse externamente a la luz de ley y decir que no mató, no adulteró, guardó el día de reposo, etc. Incluso pudo decir que amaba a su prójimo, si los cristianos que perseguía no cuentan como sus prójimos. Sin embargo, como en Romanos 7, cuando expone su corazón, sus pensamientos y sus deseos a la Ley de Dios. No solamente es reprensible, sino merece el castigo eterno de Dios.

Hoy en día, quizás esto sea el sustituto más común que se escucha. No existen muchos que estén dispuestos a decir que son pecadores que han roto la Ley de Dios. Cuando se comparan con la justicia de Dios, se expone claramente que todos hemos pecados y estamos destituidos de la gloria de Dios. No hay ningún justo. Todos, como ovejas, nos hemos descarriado. Todos necesitamos de un Salvador. El décimo mandamiento fue el golpe fatal a esta confianza falsa de Pablo. Al exponerse a este mandato, se vio por lo culpable que era y se dio cuenta que solo una justicia ajena, solo la sustitución de Cristo en su lugar en la cruz, pudo salvarlo.

Conclusión

En conclusión, examínate a ti mismo. Si has confiado en una de estas cosas en vez de en Cristo, estás engañado. Solo Cristo te puede salvar. Tu familia, el grupo con el cual te identificas, tus obras celosas ni una justicia superficial te pueden salvar. No te pierdas aferrado de estos sustitutos que no podrán responder por ti en el Día del Juicio.

Y, mis hermanos evangelistas, medita en estas cosas y prepárate para escuchar estos sustitutos en tus conversaciones evangelísticas. Pide al Señor la sabiduría para discernir estas confianzas falsas, y exponlas por las mentiras que son. No le des confianza falsa a una persona que se abrace de estas cosas; apuntale a la única fuente de la salvación: Cristo Jesús.


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